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lunes, 8 de febrero de 2010

Come as you are

Oiga doctor, prepáreme la solución
que este mal no hay quien lo cure
ni me hace inmune al contagio
de las células corruptas de mis buenas costumbres
-viciosas y disolutas- al contacto con el virus
de esta ciudad inundada de payasos

que usted me dijo “anfetaminas y poesía”
pero empiezo a sospechar que soy alérgico
al verso y al esfuerzo, al sistema nervioso central
vuelto loco por un arranque de espontaneo bienestar…

Oiga doctor, que soy proclive al derroche de apatía
que me aburre la estética sinfonía de la lirica endecasílaba
el haiku-no-me-arenga y viera usted, que aburrido es el soneto
no se contar por silabas y para rimar me cuesta un huevo
de gallinas con derroche intestinal dorado.


Oiga doctor, las anfetaminas no saben a menta
y tiene uno que pagar por volverse loco
cuando es tan fácil y sencillo quedarse idiota
y es gratuito si se conoce un buen congal.

Tal vez doctor, sea hora de probar cero poesía, bañarse al sol
mujeres a control remoto, un altar de fuegos artificiales
y abstinencia total de alcohol y besos sin culpa.

Oiga que necesito una nueva receta
que esto no funciona,
su estrategia de galeno postmodernista
me ha vuelto un latifundista de los predios sin sol
no me da ganas sino de tirarme a la cama
lanzar fuera a cualquier mujer de libido impaciente
y gemir, como Kurt Cobain cuando llego al infierno
y el diablo le pregunto “que te parece, si para empezar,
te tocas aquella de come as you are”

jueves, 26 de noviembre de 2009

Como dice la canción

-Doctor, creo que estoy gravemente enfermo. Estoy herido pero no he sangrado. Y aunque “tengo mi pecho de acero” yo sentí la punta entrando por un lugar mas parecido a la yugular.

-¿Insomnio, malestar estomacal, dolor de cabeza, manchas rojas en la piel, pus donde no debería haber pus?

-¿Y donde carajos sí debería haber pus?

-En las heridas, por supuesto, es lógico a todas luces que un sangrado mal tratado derive en la consecuente infección. Usted no tiene pus. ¿Por qué no tiene pus?

-Porque ni siquiera tuve sangrado. Me atravesaron un cuchillo. Metafóricamente hablando. Y me queje, me queje como un escolapio que ha perdido su hora de recreo por estar pintando el pizarrón con palabrotas. Pero luego fui y dormí como un bebe. Como no había dormido en meses, le aseguro.

-Ah, podría ser adrenalina. No me haga caso pero he oído de casos sobre gente que pierde alguna extremidad del cuerpo y aquello no tira ni una gota de sangre. Por la adrenalina según entiendo. El torrente sanguíneo se retira, da un paso atrás. Como el mar antes de destruir una zona costera. Pierda cuidado, el maremoto le alcanzara.

-Definitivamente mi sangre no es de sal y yo no soy una puta zona costera. Si acaso una isla encallada en el fin del mundo. No es eso. Lo peor son las alucinaciones.

-Explique.

-Llevo días, meses, imaginando una mujer. Una mujer que no conozco. No se llama Dalila, como la de Pig. Pero si que la puedo evocar “degollando la lengua”.

-Ah vaya, eso lo explica todo. Usted tiene las arterias vacías y en sus coronarias hay polvo de sueños. Sólo falta que alguien venga y le rellene como si fuera una estúpida copa rota.

-Puede ser, doc, puede ser. O podría ser que tengo las arterias llenas de etcéteras, como dice la canción.