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lunes, 7 de diciembre de 2009

De los años que pasan como vagones

Querido cisne negro:

En el interminable recorrido del fracaso
un insecto aviador de oscuras proporciones
nos ha afectado el olfato
nos ha estrellado las retinas
nos ha enmudecido el tacto
la lengua siempre repta por el olvido.

Ahora los versos son de carne y hueso
la carne es de rutina, el hueso lo de siempre
blanco y tibio besando la sangre.

Ahora las noches son de cuentas
por saldar y por ignorar
del banco y algún supermercado
de crédito y debito, de súbito inédito.

Ahora el amor es de nostalgia
y los sueños pasajes de semblante diurno
de sentir la costumbre, porque esta anarquía
nos esta calando en los huesos.

Ahora siempre volvemos a la espuma
para arremeter contra la costa
o diluirnos en alguna ola redentora.
ahora siempre repetimos las analogías
por si alguna vez nos las compramos.

Querido cisne,
estamos perdiendo la tristeza,
se la vendimos a la filosofía barata
de este insecto que se aproxima a los treinta.

En once años simplificamos la perspectiva
y nos compramos un deportivo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Apreciable Cisne Negro:

Te debo la tristeza de las horas en vela.
Te debo las noches con sus últimos versos.
Te debo -hay que asumirlo- una buena rima.

Te debo la muerte. Te empeño la vida
Te regalo mis sueños. Te entrego esa ilusión.
Te escribo un poema para hervir la heroína.

Préndele fuego al mundo por la esquina sureste
y que estas palabras sean de ignición.

Te debo los años perdidos
los ojos tristes y la boca pastosa
los lugares donde no encajo.
El humo del cigarro cuasi mil cancerígeno amante,
la espuma de la cerveza, -quizá sea de rabia-
los holocaustos, cada minuto absorbido,
y las malas compañías que siempre han sido mías.

Te debo mi guarida funeraria
y las piernas prisioneras de todas ellas.

Te debo lo que soy, el cinismo y la sonrisa,
el sarcasmo y la victoria, te dejo todas las derrotas.
Te debo la mirada del perdón y un guiño de despedida,
más estos duendes verdes que me nadan en las retinas.

Te debo la libertad, posesión empeñada,
la obligación no aprendida, la responsabilidad delegada
la decisión oportuna y el ritmo de mi arritmia.

Te debo mi sumisión.

Te debo la mujer que amo, la que me asesina
la que me olvida, y peor aun
te debo a las que no me olvidan.
Te dejo en prenda los sentimientos
con sus gotas de sangre y sudor, de sal y besos.

Te dejo mi apuesta abierta
mi herida secreta, la nostalgia disidente
un cerebro intrínsecamente seco
y los avisos de desahucio que tengo en el corazón.

Te dejo los segundos en el reloj de arena
Me llevo los meses en mi cronómetro corrompido.

Señor don cisne, te debo el perdón.





“Ya se quien soy: un ILEGAL, un CLANDESTINO, una MALA MARIONETA, una BESTIA en peligro de extinción, un POETA lleno de proyectos y letras, con un buen poema atorado entre los labios y el cigarro que aun no he fumado, el AMANTE ocasional que todas desean desechar, soy un NOMBRE, con una edad, un certificado; soy un MUERTO que camina más por rebeldía que por razón.”